Mahide
 
   
 

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  PREGÓN 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pregones =>


Romance de los segadores y segadoras

Ya salen los segadores
con las clarencias del alba;
en procesión de cuadrillas
desfilan por las cañadas:
los hombres y las mujeres,
los rapaces y rapazas,
los abuelos con los burros,
y los perros de compaña;
camino de la facera
todos van pa la segada.

Huellas de sueño en sus ojos
bajo sombrero de paja;
barril del vino al costado
barrila de agua a la espalda;
hoz reluciente en la mano
y ansiedad en la mirada.

El pueblo queda en silencio
huérfano de rapaciada
hasta el regreso tardío
bajo la noche cerrada.

Gotas frescas de rocío,
lágrimas de madrugada,
han descendido del cielo
y han adondiado las pajas;
mas pronto saldrá el sol
lanzando ardorosas flamas
que se beben el tempero
y las espigas abrasan.

Sin tregua, los segadores,
con la hoz bien afilada,
golpe a golpe, paso a paso,
van devorando las pajas;
van haciendo las gavillas
los manojos y metanzas.

Lanza el sol dardos de fuego;
corre el sudor por la cara;
corre el calor por las venas
y la sed por las entrañas.

Asolado el segador,
hace un alto en la sucada;
endereza los cuadriles
yergue la frente empapada,
se quita el sombrero roto,
limpia el sudor con la manga
y empina el barril del vino
para aliviar la garganta.

Se oye el cantar del cuco
la abubilla y la chicharra,
y el piar de una perdiz
que cuida de su pollada.

Entona la segadora
una canción de segada
que habla de los quereres
de una moza enamorada
que suspira por un mozo
que le ha aprisionado el alma

Una suave y sutil brisa
que viene de la montaña
trae el aroma profundo
del tomillo y de las jaras

El recio sol y la brisa
que le acarician la cara
ponen a la segadora
piel curtida y bronceada
con la color de aceituna,
y mejillas de escarlata.

Al atardecer, el viento
mece los trigos dorados
levantando suaves olas
que van surcando los campos
como estelas que se pierden
en horizontes lejanos.

Cual ritmo de un sutil vals,
viento y trigo van bailando
como pareja de novios
que juegan a enamorados.

Regresan los segadores
con la noche ya cerrada
atravesando campiñas
llombas, tesos y majadas;
plomo pesado en sus piernas,
polvo y tierra en las albarcas
cual si arrastraran cadenas
como si fueran fantasmas.

Cruje el cuerpo dolorido,
todos los huesos restrallan;
manos curtidas de callos,
piel desgarrada de llagas
del roce de las espigas
que le espetan sus argañas

Y bajo la piel herida
traen dolorida el alma
porque a la tierra indolente
el alma se siente atada.
Cabizbaja y pensativa,
de apariencia resignada
en sus adentros rebeldes
la segadora proclama:

¡Maldita sea mi suerte!
¡Qué vida tan desgraciada!
Yo reniego de esta tierra
de la que me siento esclava
y juro que los mis hijos
conseguirán liberarla
de la hoz y del arado
del sudor, miseria y lágrimas.

Regresan los segadores
-manto de noche encantada-
la hoz millada en la mano
y la angustia en la mirada.

La luna presta ha salido
a alumbrar su retirada
y en el filo de las hoces
clava saetas de plata.

¡Salve, musa presumida,
coqueta luna alistana,
que luces tu silueta
como novia engalanada!

Yo quisiera ser poeta
¡oh mi princesa sultana!
para echarte mil piropos
con arte, donaire y gracia
como echaba García Lorca
a su lunita gitana.

Las estrellas te cortejan
con su luz trémula y clara;
coros de ranas y grillos
entonan de madrugada
esta canción que retumba
bajo la noche embrujada:

"No existe en el mundo entero
una princesa tan guapa
como la luna de Aliste
en una noche estrellada."

Modesto Domínguez Leal.

© Mahíde