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La
variedad de piezas depende de los usos que se le va a dar:
para líquidos, como cántaros, jarras, barrilas y botijos.
Para cocinar están los pucheros, ollas y cazuelas.
La
arcilla y el barro, según las zonas, hacen que el color y
textura de estos cacharros sean distintos y de calidad y diseño
únicos.
Parece
que fueron manos femeninas las primeras en ocuparse de labores
de alfarería. Al principio era para dar mayor solidez a recipientes
de fibras vegetales. Pronto se comprueba que colocados al
fuego para cocinar alimentos hace que la arcilla se endurezca
con el calor.
Durante
siglos los recipientes se moldean a mano y conservan las formas
de los primitivos.
El
torno del alfarero aparece por primera vez a fines del quinto
milenio antes de Cristo, en Mesopotamia. El torno de pie sucede
al de mano.
En
la Edad Media la alfarería popular se convierte en uno de
los pilares de la cultura tradicional. La arcilla, el torno
y el fuego, junto a las manos de destreza humana, logran el
milagro de la alfarería popular.
Zamora
es una provincia con gran tradición alfarera como lo demuestran
las localidades de Moveros, Carbellino de Sayago, Pereruela
y Toro.
Moveros
se ubica en la comarca de Aliste y su alfarería es una de
las más bellas por su sencillez y elegancia, con un color
peculiar que da su barro.

La
mujer es la protagonista de esta cerámica. En 1989 hay 10
señoras que hacen los cacharros, delegando a los hombres la
tarea de preparar el horno, apilar la leña y recoger el barro.
Cada mujer tiene su taller y trabajan todo el año.
Cuando
se ha extraído el barro, se ha limpiado de impurezas y se
convierte en un fino polvo comienza la tarea de humedecerlo
y amasarlo para empezar a dar forma al objeto deseado en un
torno.

Una
vez realizada la pieza se deja secar al sol. Cuando se han
hecho unas 300 piezas se enciende el horno con urce y jara
y se cuecen.
La
alfarería de Moveros se dedica especialmente al agua.
Las
mujeres de Moveros, que han abandonado el trabajo en el campo
por la alquimia de la arcilla, confiesan trabajar en encargos
de adorno como ceniceros, jarras, candiles, botijos de múltiples
asas que luego viajan por el mundo y aunque pueden copiar
modelos, suelen ser el resultado de una ensoñación hecha vigilia
por pacientes siglos de labor cotidiana. Se trata de la inspiración
nacida del trabajo.
Languidece
la producción alfarera de Moveros, a pesar de que en la actualidad
mujeres jóvenes y también, como novedad, varones, luchen por
mantener una artesanía enlazada en parte con lo tradicional
y a la vez renovando técnicas y diseños.
Cuatro
alfareras, y algún varón que inicia su andadura, elaboran
cacharros, según modos de hacer arcaicos, que son su característica
más acusada:
-
Tornera baja, movida por l as manos de la propia
alfarefa
-
Hornos de leña de reducida capacidad
-
Elemental proceso preparatorio del barro..
Ellos
continúan marcando el camino a seguir para que sus hoy hermosos
cacharros (antes prácticos y necesarios) puedan ser disfrutados
por las gentes que ceden a sus indudable atractivos.
A
su vez, y por iniciativa de jóvenes artesanos aparecen hornos
de propano, tornos eléctricos y talleres cubiertos que permiten
trabajar todo el año, y enfocados a una producción novedosa
de cazuelas y pucheros que incluso son vidriados con unas
cualidades antes desconocidas en las arcillas de Moveros,
buenas para soportar el fuego en la cocina, cuando son previamente
cocidas a más altas temperaturas, en los hornos modernos.
Este
es el caso de los hermanos Pascual Prieto, que a su vez realizan
alfarería tradicional, por métodos tradicionales y de esta
forma, propician su mantenimiento, abocado a la desaparición.
Las
formas más puras de Moveros son:
Los
cántaros para el agua, de una belleza inconfundible, de
formas sencillas y redondeadas, de
ancha asa, largo cuello y panza redonda. Se lleva a
la cadera.
La
barrila, con dos asas, esbelto y fino cuello,
utilizada para llevar agua en la arada, trilla y siega.
El
botijo. Redondo, con boca con criba y esbelta y airosa
asa.
Tinaja.
DE color trigueño tostado, elegante y fina, de dos asas. Está
adornada con varios collares..
Ollas
y barreños, para las labores típicas de la matanza.
También
se hacen macetas, huchas, palmatorias, etc.

Características:
La
alfarería de Moveros está destinada principalmente al agua:
cántaros, barrilas...
Es
artesanía femenina exclusivamente y los hombres sólo intervienen
en la preparación del barro, la cocción y la venta.
Las
alfareras suelen trabajar en la calle, ante las puertas de
sus casas y corrales.
La
loza de Moveros es de factura muy fina y de un color trigueño
tostado muy bello, así como una exquisitez y elegancia en
línea esbelta de sus cántaros, tinajas y cantarillas.
Las
mujeres alfareras son llamadas cacharreras. Suelen
comenzar a aprender el oficio hacia los 14 o 15 años, y se
requieren un par de años para aprender a conocerlo. Comienzan
haciendo la clásica tapadera, siguiendo con las barrilas o
botijos, siendo las últimas las piezas más difíciles y las
que requieren mayor destreza
como los cántaros y tinajas.
Solían
trabajar de rodillas, sentadas sobre sus talones.
Extracción
del barro y su preparación.
El
barrero e donde se extrae toda la materia prima empleada en
Moveros se halla situado en el término de Ceadea, en Los Chanos.
La
extracción del barro se realiza cuando se necesita. Se pica
con pala y azadón. Primero se retira el monte y se cava un
metro de profundidad, donde se encuentra la veta.
Esta
tarea suele ser realizada por los hombres. Se necesita una
licencia de ICONA autorizando la excavación de dos metros
de tierra por vecino, mediante el pago de una cuota. La mejor
época para ello es de Octubre a Diciembre.
Una
vez extraído el barro
se lleva hasta las peñas del pueblo y se extiende para que
se seque. Después lo reducen a golpes, convirtiéndolo en polvo,
el cual se criba para que sea lo más fino posible.
Cada
tarde se realiza la tarea de mallar y cerner el barro.
En
las casas el barro se humedece y se amasa para dejarlo listo
para que las artistas alfareras procedan a darle forma, quitando
lo que sobra más que añadiendo lo que haga falta.
La
masa se prepara con agua, hasta lograr el espesor adecuado,
y se divide en rollos de unos 10 kilos.
Técnicas
de modelado.
Las
alfareras se sirven del torno o rueda baja para modelar.
La
rueda de Moveros tiene un eje, llamado guio, que es de hierro
y se clava en una piedra de granito. La rueda es toda de madera
de roble. Esta rueda, al hacerla girar, actúa como si fuera
una rueda movida con el pie y así se modelan los cacharros
con ambas manos.

El
torno consta de: una piedra granítica ovoide y aplanada, en
la que se introduce el guío; la rueda, que esta hecha de una
tabla, cuatro machones y una cruceta.
Sobre
la tabal de la rueda se coloca una plancha de pizarra y sobre
ella se pone el barro para modelarlo.
Una
vez hechas las piezas se dejan secar al sol. Llegada la noche
se recogen en corrales hasta completar las 300, que es el
número mágico para encender los hornos con ramas de urce y
jara, a temperatura media para que las piezas cubiertas de
morrallo no se quiebren.
Los
hornos.
Pequeños
de capacidad, constan de caldera circular y construida con
arcas de adobe o ladrillo, sostenidos por un pie central.
Sobre el hogar del horno se alza la cámara de cocción. La
operación dura de 5 a 6 horas. Durante las dos primeras horas
se añade leña poco a poco, que suelen ser jaras y brezos.
Las
piezas se sacan del horno al día siguiente de haberlas cocido,
para que ya estén frías.
En
1976 había 6 hornos en Moveros: dos eran comunales y 4 privados.
El hecho de existir hornos comunales prueba la importancia
numérica que el quehacer alfarero tuvo antaño.
El
comercio.
La
loza de Moveros, hoy ya conocida, tuvo antiguamente una zona
muy reducida de mercado. Abarcaba toda la región alistana
y un poco de la zona fronteriza de Portugal.

Las
alfareras asisten a la romería de la Luz, que tiene lugar
en la misma raya fronteriza y que se celebra el último domingo
de abril. También acuden a las ferias de San Vitero, Carbajales,
Ricobayo, Fonfría, Fornillos, Gallegos del Rúio, Rabanales,
Mahíde, etc, pueblos de la Comarca de Aliste.
Desde
los puestos de Zamora en las ferias de San Pedro, la loza
de Moveros llega a otras partes.
También
se practicó la venta ambulante, cargando una caballería y
yendo por los pueblos.
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