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Es
Aliste tierra de colores: desde la pureza azul de sus cielos
al blanco de la nieve que en invierno cubre su sierra. Del
intenso dorado de sus campos de cereal, al verde de sus riberas.
De la luz de los amaneceres, al brillo frío y bello de las
estrellas en su cielo en las heladas noches de Enero. Del
resplandor del sol en sus ríos, del tono morado de sus montes
cuando el brezo florece al amarillo de la flor de la escoba
o los copos blancos de la jara.
Un
paraíso fascinante de contrastes. Un lugar privilegiado
para disfrutar y ocupar el tiempo libre.
Espacio
natural es la Sierra de la Culebra, con rutas de senderismo,
caminos para recorrer a pie o en bicicleta, montañas para
escalar, bosques y llanos para admirar y ríos puros. Lugares
de caza y pescas.
La
tierra ha hecho a sus hombres, y desde antiguo los acostumbró
a ver pasar y a guardar. Y así siguen siendo hoy. Mujeres
y hombres que guardan sus
tradiciones y que ajustan su paso al de los nuevos
tiempos.
El
clima y cultivos, pastos y ríos, montes y llanos han marcado
una cocina enriquecida en cada pueblo, por sus múltiples variedades.
Así se solapa la cultura, la historia, las costumbres y el
arte, también en la mesa.
Las
viejas casas recuperadas y adornadas. Casas de piedra, barro
y madera que guardan en su interior el sabor de una forma
de vida que se resiste al paso del tiempo y que conservan
en sus fachadas y balcones los emblemas y huellas de lugares
señoriales.
Arquitectura
tradicional salvada del olvido por nuevas gentes que
recuperan la ancestral cultura hospitalaria.
Ellas,
alejadas de los ruidos y las prisas de la civilización, devuelven
al hombre a su esencia, al contacto con la naturaleza, al
descanso pausado. Lejos de todo, pero cerca de la historia,
arte y cultura de una tierra antigua que se adapta sin rupturas
a los nuevos tiempos.
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