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SAN
BARTOLOMÉ. Apóstol y mártir.
Es
uno de los apóstoles elegidos por Jesús durante su vida pública.
Este nombre figura en la lista de los
Doce según tres evangelios y los Hechos.
Bartolomé
significa: hijo de Tolomé y es, en realidad, el
sobrenombre de Natanael. Bar Tolomai: hijo del
que traza surcos.
Nació en Canaá de Galilea
bajo el nombre de Natanael, que significa don de Dios.
En
los Evangelios empieza su historia con el nombre de Natanael,
amigo de Felipe, el cual le habló de Jesús y le da una respuesta
despectiva diciendo: De Nazaret nunca salió nada bueno.
Pero Felipe le facilita una entrevista con Jesús y
se lo presenta. El Señor, nada más verlo, hace de él un elogio:
Este es un israelita en el que no hay engaño.
El
relato del evangelio de Juan da una explicación de la confesión
de la fe de Natanael, cuando el Señor le diga que lo vio:
cuando estaba debajo de la higuera. Esta escena
ocurre sólo tres días antes del primer milagro de Jesús en
las bodas de Caná, lo que refuerza la fe de sus discípulos.
Se
sabe de él que siempre se le asocia a Felipe. (Bartolomé significa
hijo de Tolomai.)
Es
un alma noble. Después de Pentecostés recorre pueblos y campos
junto con Jesús. Su existencia pobre vale la pena por escuchar
a Jesús.
Abundantes
son las leyendas y fábulas sobre su vida y muerte.
Las
Actas de Felipe lo sitúan predicando en Licaonia
y Frigia. El martirio de San Bartolomé, en el
Ponto y el Bósforo. Eusebio dice que evangelizó la India,
y otros relatos asegura que estuvo en tierras de Mesopotamia,
Persia y Armenia donde murió degollado y decapitado después,
por el rey, en un acceso de ira, cuando vio que había convertido
a la fe cristiana y bautizado a la hermana regia.
El
arte y la tradición han pintado vivamente el martirio de San
Bartolomé. Se dice que una vez destruyó un ídolo en un templo,
el rey pagano lo apresó y le arrancó la piel y lo decapitó.
La
iconografía lo representa con su piel al hombro y un cuchillo
en la mano, con un demonio encadenado, señal del dominio del
rey que engañaba a su gente al hablar de su ídolo Astaroth.
Como
apóstol aparece con enseña, libro, cuchillo y cayado de peregrino
o en forma de cruz.
Unos
dicen que sus restos se arrojaron al mar, otros que se trasladaron
a Mesopotamia. Gregorio de Tours dice que sus restos se hallan
en la isla de Lipari, donde llegaron milagrosamente. En el
808 se traslada Benevento por temor a los sarracenos.
En
el año 1000 llegan a Roma y se pusieron en la isla Tiberina,
en la iglesia de San Bartolomé.
Lo
maravilloso supera a lo histórico. En el año 831, los piratas
profanaron su sepulcro al asolar la isla, pero un monje anónimo,
por clamor divino, recogió sus huesos y los devolvió a su
sitio.
Sus
reliquias se encuentran desde el siglo X en la iglesia de
San Bartolomé en la isla Tiberina, el cráneo se conserva en
la catedral de Francfort desde 1238, otros dicen que su cabeza
se veneró en Toulouse (Francia) y uno de los brazos en la
catedral de Canterbury.
La
fiesta en honor a San Bartolomé se celebra el 24 de Agosto,
y aparece en el calendario romano desde 1568.
Supuestamente
podía curar a los enfermos y poseídos.
Es
patrón de: mineros, viticultores, carniceros, encuadernadores,
sastres, campesinos, paneros, pastores, curtidores, guarnicioneros,
zapatero, estucadores, pellejeros...
Se
invoca contra enfermedades nerviosas, las convulsiones y las
enfermedades de la piel.
SANTA
MARÍA EGIPCÍACA.
Eremita y penitente.
Su
nombre era María, nació en Egipto y de ahí tomó su apellido
Egipcíaca.
Históricamente
parece ser que María Egipcíaca fue una penitente y eremita
de Palestina, cuya sepultura se convirtió en la Alta Edad
Media en centro de peregrinación.
A
principios del siglo VII, a través de exiliados de Palestina,
el culto llegó a Italia, donde se han venerado supuestas reliquias
de Santa María Egipcíaca en Nápoles y Roma.
Un
dato cierto: hay una tumba de una cristiana ermitaña, en una
cueva del desierto con el nombre de María.
La
primera fuente escrita está en la Vida de San Ciriaco,
que escribió Cirilo de Escitópalis. Allí narra que, caminando
a través del desierto y al otro lado del Jordán, los abades
Juan y Panamón vieron las señales de un cuerpo humano. Ambos
pensaron que sería un anacoreta, pero al acercarse la imagen
desapareció. Se dieron cuenta de que en los alrededores había
una gruta y sospecharon que en su interior había debido esconderse
para evitar contacto con los caminantes. Al acercarse para
pedir su bendición y escuchar sus palabras descubres que el
solitario es una mujer llamada María, cuyo cuerpo tostado
por el sol se cubría con una larga melena.
Ella
les refiere que en otro tiempo, por culpa del demonio, fue
una cantante y bailarina que, con sus representaciones había
llevado a muchos al pecado. Eso había ocurrido en Alejandría,
donde tenían lugar sus malas artes pecaminosas de las que
vivía. Consciente del escándalo, se sintió motivada a expiar
sus muchos pecados con una vida solitaria de penitencia.
Se
alimentaba de una cestillas de habas que milagrosamente nunca
disminuían y bebía de una fuente que brotaba en el interior
de la gruta, a pesar de lo desértico del lugar. Y añade que
lleva ya 18 años viviendo allí.
Juan
dice que cerró la cueva cuando María murió y él la enterró.
Sofranio,
obispo de Jerusalén (s. VII), divulgó la vida de María Egipcíaca
y hace una biografía. Pasa a Occidente la vida de esta santa,
hasta el punto de que vidrieras de catedrales góticas como
Chartres, Bourges y Auxerre representan historias de su vida.
Existe
un poema titulado Vida de Madona Sancta María Egipciaquia,
del s. XIII, conservado en un códice de la biblioteca del
Monasterio del Escorial.
LEYENDA
María
procedía de Alejandría (Egipto) y se ganaba la vida como prostituta.
Un día ofreció sus servicios en un barco de peregrinos que
se encontraba en ruta a Tierra Santa. Después de llegar a
Jerusalén, Maria, que procedía de un hogar cristiano y había
sido bautizada, quiso participar en una celebración de la
Exaltación de la Santa Cruz, en la Iglesia del Santo Sepulcro.
Cuando
quiso entrar en la casa del Señor, se vio retenida por una
fuerza invisible y una voz interior le dijo: No eres
digna de ver la cruz de aquel que murió por ti entre dolores
sin nombre.
Como
alcanzada por un rayo, María se postró en tierra y empezó
a sentir un profundo arrepentimiento por su vida anterior.
Con
tres monedas que le dio un desconocido ante la iglesia, compró
tres panes y partió sola al otro lado del Jordán, a un desierto
solitario. Allí vivió desde ese día durante 47 años como penitente
en total retiro. Después de que sus vestidos hubieran quedado
destrozados, cubrió su cuerpo desnudo con sus largos cabellos.
Poco
antes de su muerte, la visitó el monje Zósimo y a petición
suya le llevó la sagrada comunión. María le pidió que volviera
exactamente al cabo de un año. Cuando Zósimo lo hizo, encontró
a María muerta, tendida en el suelo y vio unas palabras escritas
en la arena en las que pedía a Zósimo que la enterrara. Mientras
el monje leía esto llegó un león que con sus garras cavó una
tumba. Como año de su muerte se ha dicho el 430.
Se
la representa como eremita o penitente, desnuda y cubierta
sólo con sus largos cabellos, con un león o con un monje.
Es
la patrona de las pecadoras arrepentidas y de las penitentes.
Es
sanadora de la fiebre.
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