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La
cosecha se ha recogido y los días se acortan. Las viñas mudan
el color, se vuelven amarillas y rojizos y bajo las hojas
resaltan los racimos.
Se
preparan cestos y tijeras y se procede a cortarlos de los
sarmientos y echarlos en los cestos. Después se cargan y se
llevan a la bodega, para pisar la uva y llenar la cuba con
ella, y en la que se deja fermentar el mosto para convertirlo
en vino. Una vez fermentado y reposado se traslada a cubas
más pequeñas o pipas y el bagazo (restos de pellejos
y pepitas de la uva) se prensa en una prensa redonda hecha
de hierro y madera, hasta sacarle hasta la última gota, y
con esto también se hace buen aguardiente en las alquitaras.
Bodega,
muy fresca y oscura donde se mantienen alimentos y cubas de
vino.
El
vino, fermentado en cubas, prensado y mimado en las pipas,
se transporta en pellejos u odres de piel, llena las botas
y los jarros...
Las
pipas de madera, con espita lista para el jarro y la bota.
Se mide el vino en cántaros. Doce cántaros hacen un alquez.
Se calcula que son necesarias 3 arrobas de buena uva para
hacer un cántaro de vino.
Las
cubas se forman con tablas de madera de roble, llamadas duelas.
Se sujetan con aros gruesos de hierro. Cada año hay que ajustarlas,
repararlas y darles sebo para cubrir posibles agujeros que
derramen el preciado líquido.

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